“De los verdes, con shesquero…”

Dic 18, 2017

Más que Columna, apenas un simple Poste de Humor. 168 (Minutos tarde de dicho poste)

Pah si Doña, me re dormí. Ando medio cansado, toy durmiendo a los saltos mi Vieja que quiere que le haga!!
Es que arrancamos con la temporada de “Caza al Mosquito”. Y me caigo y no me levanto. Los primeros días son los más piores, porque uno pierde la costumbre de cuidarse de los vejámenes de esos insectos del demonio!!
Tonces, clavau, uno aposenta su humilde cuerpito en el habitáculo para reposar llamado cama, apaga todas las luces, arrima “el bochín” al lado de la patrona, y se apresta a conciliar el sueño; marca el número fijo de Morfeo; se sumerge en el mundo onírico buscando el descanso necesario para tal organismo rematado del día a día… y parece que supieran de esos minutos, porque no es enseguida, no no, es al ratito.
Casi entrando a tal nivel astral, te llama en la oreja el zumbido nefasto del insecto en cuestión, revoloteando, manifestándose, haciéndose presente, recordándote que empieza la temporada… y comienza con un piñazo ensordecedor en propio oído, el cual te deja, justamente, zumbando. Y no zumbando de bailar zumba, que mal no me vendría pa empezar a bajar estos y pico de kilos que me tan sobrando; pero no.
Te avisan, te recuerdan que están, que existen, que nunca se fueron!! Y a oscuras, entre abrís un ojo y tirás el segundo golpe, directo al hombro de tu mujer, que duerme al lado… y en consecuencia viene al alarido y la respuesta inmediata, todo en una fracción de segundo, piña, alaraido, tortazo de respuesta, prendida de luz, “meada” y de fondo la risita del bicho malsano… ahhh se ríe sí. Lo disfruta, la goza.
Más si te ve que tas rojo en la oreja, producto de tu propio golpe y colorado en la mejilla producto de la respuesta de la Gorda.
Y ahí mi vieja, caigo en la cuenta, como a las 2 de la mañana, que debo, sí o sí, poner los elementos necesarios para paliar esa tan reñida situación. Y pucha dónde joraca dejé el aparatito pa poner las pastillas… y dónde dejé las pastillas.
Una vez tenía el ventilador prendido y se me ocurrió, dada la desesperación, poner Raid… sí.
Me intoxiqué, obvio, las aspas prendidas del aparato, en su parte trasera, funcionaron como sopapa del elemento químico volátil, y me lo mandaron derecho pa mis fosas nasales… casi no cuento el cuento Doña Eutanasia.
Bue, cuestión es que, levantose el Pelado a buscar dichos artilugios pa defenderme del despiadado acoso de tales insectos. Prendí la luz del cuarto, porque pensé que tenía las cosas en una caja, arriba del ropero… me ligué una puteada al toque. No solo porque prendí la lamparita, sino que además porque me subí a la cama, completito. Apagué todo y salí, rumbo fijo el modular de la cocina, ahí tenía que haber algo.
A oscuras, no quería más problemas, descalzo, el fresquito del piso taba pechocho, voy por el comedor… fue todo uno, doy un paso, piso algo, se rompe, corte y dolor… bendita navidad y los niños que dejan a medio armar el arbolito!!! Pisé un chirimbolo, obvio. Dolor e insultos al aire, más golpe a la pared, acto seguido e inconsciente me agarro el pié afectado, con herida corto punzante debajo del dedito gordo; tal acto produce una desequilibro en mi eje central, provocando mi abrupta caída contra la mesita, tirando el bendito florero (segunda vez en el año que lo tiro, ver columna #119), desparramándose en el piso, haciéndose añicos.
Tal estruendo, en mitad de la noche, sonó 3 veces más de lo habitual. Por el rabadillo del ojo veo que la luz del cuarto se prende, danger!! Huyo, veloz y raudo hacia el baño, buscando algún apósito o curita que se precie de tal. Mientras arreglaba el dedo roto, mato un mosquito que taba encarnizado en mi nuca. Levanto la vista y veo, oh gloria a Dios, el popular y glorioso espiral. De esos verdes.
Con pecho hendido y sabiéndome ganador de la primer batalla de muchas, rumbeo pal cuarto, al cual llego y, oh suerte nefasta, trancado por dentro. Vicho por la hendija de la cerradura, llave puesta y con una sola vuelta. Culminé la noche en el tembleque sillón, tapado con una colcha… pero durmiendo profundamente, con la ayuda química del popular espiral verde. Soñé en colores.

Salú!!

Emilio “Pelado” Machado.

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